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jueves, febrero 23, 2006

Otra más: El asesinato de Ernesto Che Guevara por la CIA

El 8 de octubre de 1967, en una quebrada de los Andes en el sur de Bolivia,
se oyó un nutrido fuego: Ernesto "Che" Guevara y sus guerrilleros se
encontraban rodeados por el ejército boliviano.

Poco menos de un año antes, Guevara y un grupo de cuadros viajaron
clandestinamente de Cuba a Bolivia para iniciar una guerra de guerrillas y
tumbar al gobierno militar. Guevara y unos 50 guerrilleros se internaron en
las montañas. Pocos meses después el ejército boliviano los detectó y empezó
una intensa persecución. Para eludirlo, Guevara dividió al grupo en dos,
pero jamás pudo reagruparlo. Su diario indica que para fines de agosto los
guerrilleros de su grupo estaban fatigados, desmoralizados y que solo
quedaban 22; el 31 de agosto el segundo grupo fue aniquilado al cruzar un
río.

El 26 de septiembre, el ejército emboscó al resto de los guerrilleros cerca
del poblado de La Higuera. Varios guerrilleros cayeron en combate y el Che
quedó herido en una pierna. Luego, el 8 de octubre lo capturaron con dos
combatientes y los llevaron a la escuela del pueblo.

Al día siguiente, llegó en helicóptero un tal "Félix Ramos" en uniforme de
oficial del ejército boliviano y se encargó de los prisioneros. Dos horas
después, el Che y los dos combatientes fueron ejecutados.

La mano de Estados Unidos
Las armas y el equipo de los asesinos fueron Made in U.S.A. El oficial
boliviano que lo tomó preso estudió en Fort Bragg, Estados Unidos, donde se
preparan golpes de estado, asesinatos y campañas de contrainsurgencia. El
tal "capitán Ramos" era Félix Rodríguez, un viejo agente de la CIA.

Desde hacía años, Estados Unidos venía armando al ejército boliviano y
comprando oficiales. En cuanto se detectó la presencia de Guevara y sus
guerrilleros, mandó más agentes de la CIA y Boínas Verdes, entre ellos
Rodríguez. También envió aviones repletos de armas, sistemas de comunicación
y bombas de napalm.

Antes de ir a Bolivia, Rodríguez comandó un escuadrón de la muerte en
Vietnam. Tiempo después, en la década de los 80, el presidente George Bush
lo mandó a supervisar el tráfico de cocaína por armas para la contra en la
base aérea Ilopango de El Salvador.

Rodríguez ordenó la ejecución del Che de modo que pareciera que cayó en
combate, se robó su reloj como recuerdo y acompañó su cadáver a la base
militar de Vallegrande. El 11 de octubre, después de cortarle las manos para
comprobar con las huellas digitales que eran del Che, echaron su cadáver en
una fosa cerca de la pista de aterrizaje de la base. El gobierno anunció que
fue incinerado.

La operación fue Made in U.S.A. de pe a pa. Con la ejecución del Che y sus
compañeros, Estados Unidos quería decirles a los pueblos de Sudamérica y del
resto del mundo: "ni se les ocurra alzar la cabeza".

El "patio"
La clase dominante de Estados Unidos siempre ha considerado que
Latinoamérica es su "patio" y no ha dudado en apuntar sus armas contra todo
desafío.

Calificó a Pancho Villa de bandido y asesinó a Sandino. Tumba gobiernos
elegidos, como el de Salvador Allende en Chile, ejecutado en 1973, lo que
resultó en la muerte de 30.000 personas. En el último siglo ha lanzado
numerosas invasiones para controlar a Panamá, Haití, Cuba, Puerto Rico,
República Dominicana, México y otros países de Centroamérica; y en los
últimos 10 años ha mandado agentes de la CIA, asesores y agentes de la DEA
para combatir la guerra popular que dirige el Partido Comunista del Perú.

Además de oprimir a los latinoamericanos, Estados Unidos ha procurado
conjurar la intervención de potencias rivales, empezando con la "Doctrina
Monroe" de 1823. En 1898 declaró que tenía el derecho de quitarle Cuba y
Puerto Rico a España. En los años 60, 70 y 80 desplegó ejércitos, armadas y
escuadrones de la muerte para impedir que los socialimperialistas soviéticos
"establecieran una cabeza de playa en las Américas". Ultimamente impuso el
NAFTA/TLC para dominar más a México y cerrarle las puertas a los
imperialistas japoneses y europeos.

Por los días de la última campaña del Che en Bolivia, los yanquis seguían
ese camino con vehemencia. Por ese entonces Mao Tsetung dijo que el
imperialismo yanqui era un "tigre de papel cae en el pánico y el
desconcierto al simple murmullo de las hojas movidas por el viento". Una
gran ola de rebeliones y revoluciones lo desafiaba en Asia, Africa y
Latinoamérica; por su parte, la Unión Soviética, que se había vuelto
imperialista, procuraba aprovechar las dificultades de su rival.

La respuesta que dio el presidente John F. Kennedy fue sanguinaria: mandó a
la CIA a invadir Playa Girón en 1961 para tumbar al gobierno de Castro;
mandó "asesores" a Vietnam para combatir a las fuerzas del Frente de
Liberación Nacional; organizó nuevos ejércitos manejados por la CIA y a los
Boínas Verdes; mandó preparar torturadores, golpistas y
contrarrevolucionarios. En pocas palabras, agentes y asesinos a sueldo del
imperialismo yanqui se infiltraron en muchas partes del mundo.

El 9 de octubre de 1967, esas fuerzas ejecutaron al Che y sus compañeros en
La Higuera.

En busca de la liberación
Para muchos, el Che es un símbolo de la resistencia a todo eso. Hoy, 30 años
después, la lucha contra todo eso sigue siendo un problema candente.

¿Cuál es la mejor manera de combatir a los opresores y derrotarlos,
tumbarlos del poder y construir una nueva sociedad liberada?

Ese es el problema que confronta la nueva generación. El proceso
revolucionario necesita soñar con un mundo mejor y admirar héroes. Pero
también necesita hacer un balance serio de la experiencia histórica. El
pueblo necesita una teoría y una estrategia revolucionaria que le permita
ganar.

El Che proponía un camino determinado para la lucha contra el imperialismo
yanqui. Hoy es necesario hacer un balance crítico del guevarismo y de su
experiencia histórica. Como dijo un comunista de experiencia: "es preciso
que nuestro interés por la revolución sea tan profundo que nos obligue a ser
científicos".

El camino cubano
Cuando el Che y los guerrilleros del Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro
entraron en La Habana en 1959, por todo Latinoamérica hubo regocijo pues una
revolución popular tumbó al odiado gobierno del títere Batista a tiro de
piedra de Estados Unidos.

De hecho, la revolución cubana tuvo un proceso relativamente fácil. Castro,
Guevara y unos cuantos más establecieron campamentos guerrilleros en la
Sierra Madre y combatieron intermitentemente durante 25 meses. El país
entero, hasta las ciudades, se convulsionó y el gobierno de Batista se
desmoronó.

Cuando el nuevo gobierno nacionalizó las propiedades yanquis, estallaron
hostilidades entre los dos países. Cuando la invasión yanqui de Playa Girón
fracasó rotundamente, el entusiasmo aumentó en Latinoamérica. ¡Por fin un
país se zafó de Estados Unidos y vivió para contarlo!

La supervivencia del nuevo gobierno cubano le causó más dolores de cabeza a
Estados Unidos, que decidió imponer un embargo económico y luego un bloqueo
militar en 1963. Además, año tras año la CIA mandaba equipos de asesinos y
saboteadores para "desestabilizar" el país y meterle mano de nuevo.

Ante esas presiones, el gobierno cubano tomó una serie de medidas decisivas:
renunció a la reforma agraria y conservó el azúcar como base de la economía;
paralelamente, fortaleció su alianza con la Unión Soviética, que prometió
comprarle azúcar a cambio de alimentos, armas, productos manufacturados y
otros artículos de primera necesidad que Cuba no producía. Históricamente,
la subyugación de Cuba ha estado ligada a la producción de azúcar. Después
de la revolución de 1959, muchas cosas cambiaron, pero no ese eslabón
central de dependencia. La revolución antiestadounidense no fue parejamente
antiimperialista.

La teoría foquista del Che
Durante sus primeros años, el nuevo gobierno cubano alentó a los pueblos
latinoamericanos a lanzarse a la lucha armada contra las dictaduras títeres
de los yanquis. Varios grupos recibieron instrucción militar en Cuba.

Guevara propugnaba la guerra de guerrillas por todo el continente. En una
serie de ensayos afirmó que la experiencia cubana podía repetirse por toda
Latinoamérica. Esa idea tuvo un poderoso impacto en la nueva generación de
combatientes.

Guevara decía que grupos pequeños de combatientes resueltos (los "focos")
podían irse al monte, lanzar acciones armadas y captar fuerzas, y así hacer
estallar una crisis y acelerar el colapso de gobiernos odiados.

Muchos vieron en la teoría foquista una buena alternativa a los podridos
partidos comunistas pro-soviéticos, que obedecían las órdenes de la Unión
Soviética y se oponían abiertamente a la lucha armada contra los gobiernos
del establo yanqui. Eran revisionistas, o sea, falsos "comunistas".

El foquismo ofrecía otro aliciente: la esperanza de una victoria
relativamente fácil. Enseñaba que la revolución era fundamentalmente
cuestión de voluntad y osadía, que los revolucionarios podían ser los
representantes del descontento popular sin organizar nuevos partidos de
vanguardia ni llevar a cabo una revolución agraria. Y en cuanto a la
inevitable respuesta estadounidense, enseñaba que, como Cuba, los nuevos
movimientos podían contar con la ayuda de la Unión Soviética.

A comienzos de los años 60, se iniciaron varios focos armados en Perú,
Argentina, Venezuela y otros países. Todos fracasaron.

Por su parte, la Unión Soviética se estaba quitando la careta con Cuba. Sus
asesores recomendaban métodos conservadores en la industria y en toda la
sociedad. El Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro se fusionó formalmente
con los vetustos cuadros del viejo Partido Comunista (que incluso apoyó a
Batista cuando tomó el poder). Con muchas presiones, el nuevo "aliado"
empujaba a Cuba hacia un papel dependiente en el bloque soviético.

Guevara criticó varias veces a la Unión Soviética por no apoyar más
resueltamente las luchas de liberación nacional y por su política comercial
con países como Cuba. Se dice que estaba preparando una crítica de otras
prácticas soviéticas.

Pero sus críticas nunca cuestionaron los puntos cardinales del camino
cubano. Eran más bien "peleas entre familia", porque creía que la Unión
Soviética seguía siendo socialista y que podría desempeñar un papel positivo
en el mundo por medio de críticas y presiones fraternales, y del triunfo de
otras revoluciones.

También creía que su estrategia foquista tendría éxito en Latinoamérica con
la imposición de una dirección de más experiencia y autoridad. Su respuesta
a los problemas que surgieron en el "camino cubano" fue ir a Bolivia en
noviembre de 1966 para desarrollar personalmente un foco en el centro de
Sudamérica.

La lucha mundial sobre el camino revolucionario
En esa misma época, intensas luchas y debates estremecieron el movimiento
comunista internacional.

A comienzos de los años 60, Mao Tsetung hizo un sorprendente y penetrante
balance de lo que estaba pasando en la Unión Soviética. Sacó la conclusión
de que en 1965, cuando Nikita Jruschov tomó las riendas, se dio un cambio
fundamental de poder y los seguidores del camino capitalista en el seno del
Partido Comunista restauraron el capitalismo. La Unión Soviética, que
durante décadas fuera un país socialista, era ahora una potencia
socialimperialista (socialista de nombre, imperialista en esencia).

Mao advirtió el peligro de sacar corriendo al tigre por la puerta del frente
e invitar al lobo a entrar por la puerta de atrás. Apoyarse en esa nueva
potencia imperialista era un camino sumamente peligroso para el pueblo,
dijo, pues los nuevos dirigentes soviéticos eran representantes de una nueva
burguesía y se oponían fundamentalmente a la liberación.

Hoy, 30 años más tarde, después del colapso del bloque soviético y con la
hegemonía de Estados Unidos como potencia imperialista, ese debate podría
parecer "algo del pasado". Pero no es posible evaluar la experiencia
histórica del Che y del "camino cubano" sin entender el socialimperialismo
soviético y el funesto impacto que las alianzas con la Unión Soviética
tuvieron en las luchas de liberación nacional en Latinoamérica y por todo el
mundo.

El camino maoísta al poder era radicalmente diferente del de Guevara. Los
maoístas decían que llegar al poder tomando atajos no llevaría a una
sociedad cabalmente revolucionaria capaz de superar las presiones del
imperialismo. Para hacer eso, era necesario movilizar a las masas populares
y capacitarlas en el curso de una prolongada lucha de clases dirigida por el
proletariado. En el tercer mundo, decían, lo que se necesitaba era una
guerra popular prolongada: apoyarse en las masas, rodear las ciudades desde
el campo y construir el nuevo poder en bases de apoyo revolucionarias. Si
bien tal orientación estratégica se derivaba de la rica experiencia de la
Revolución China, Mao les advirtió a los revolucionarios del mundo que no
debían imitar esa experiencia sino aplicarla creativamente a la situación de
cada país.

Al comienzo, Mao esperaba convencer a la dirección cubana de seguir un mejor
camino y se reunió con el Che cuando fue a China en 1960. Pero este se
aferró a su estrategia foquista y a la idea de que la Unión Soviética
debería ser un aliado de los movimientos populares.

Esta famosa lucha ideológica de los años 60 y 70 planteó muchos otros
interrogantes de suma importancia: si es necesario forjar nuevos partidos
comunistas (revolucionarios) para dirigir la lucha revolucionaria; el papel
de la lucha armada en la revolución y cómo movilizar al pueblo para
librarla; cómo evaluar las diferentes fuerzas de clase en el mundo
(especialmente el campesinado en los países semicoloniales, semifeudales);
cómo continuar la revolución después de la conquista del poder.

En ese proceso, se dieron nuevos avances de la ideología comunista--el
marxismo-leninismo-maoísmo--y se llegó a un nivel más alto.

Hoy, 30 años después del asesinato de Guevara, ha habido grandes
transformaciones en el mundo, como la mayor "tugurización" del tercer mundo
y la mayor internacionalización de la producción y el mercado mundial. Esos
cambios plantean nuevos interrogantes acerca de cómo liberarse del
imperialismo. Pero para billones de personas pobres y desplazadas de todo el
planeta, el desarrollo y la tecnología imperialistas son una pesadilla, y el
futuro es o más angustia o la revolución. En el tercer mundo, el camino
maoísta de la guerra popular prolongada sigue siendo la solución práctica y
urgente a los problemas de hoy.

Hoy muchos jóvenes en Latinoamérica y Estados Unidos sienten la atracción
del Che Guevara por ser un símbolo de autosacrificio, lucha armada e
internacionalismo en la lucha contra el imperialismo yanqui. Para todos los
que actúan motivados por amor al pueblo, es muy importante estudiar a fondo
la experiencia histórica y luchar por entender las diferentes líneas y los
diferentes caminos. Hoy esto es una cuestión de vida o muerte, que
determinará si podemos plasmar en la realidad nuestros sueños
revolucionarios.
Mario Lopez Ibañez