EE.UU. cada vez cree menos en la evolución (se nota)
Los seres humanos, como los conocemos, se han desarrollado a partir de especies anteriores de animales; ¿cierto o falso? Esta simple pregunta parte a EE.UU. en dos, con una proporción creciente que no cree que descendamos de un “simio ancestral”. Una encuesta en 32 países europeos, EE.UU. y Japón, revela que sólo Turquía es menos propensa a aceptar la evolución como un hecho.
El fundamentalismo religioso, agrias políticas partidistas y una pobre educación científica son las causas de la negación de la evolución en EE.UU., dice Jon Millar de la Michigan State University en East Lansing, quien dirigió la encuesta con sus colegas. “Los EE.UU. son el único país donde la enseñanza de la evolución ha sido politizada”, dice. “Los republicanos han adoptado esto como un punto angular. En la mayor parte del mundo no es tema en discusión”.
El reporte de Miller es duro para los adherentes a la teoría evolucionista. Aunque el estadounidense promedio tiene más años de educación que cuando Miller comenzó el estudio hace 20 años, el porcentaje de gente que acepta la evolución ha descendido de un 45% en 1985 a un 40% en 2005 (Science, Vol. 313 pág. 765). Esto a pesar de unos ampliamente difundidos avances en genética, incluyendo la secuencia genética, que demuestra una enorme superposición del genoma humano con el de chimpancés o ratones. “No parece que vayamos en la dirección correcta”, dice Miller.
Sin embargo, hay algo de esperanza. Eugene Scott, parte del equipo, del National Center for Science Education (Centro Nacional para la Educación de la Ciencia), en Oakland, encuentra un respiro en que el porcentaje de adultos que rechazan la evolución ha caído de 48 a 39% en el mismo período, mientras la población que duda de la evolución se ha incrementado del 7 al 21%. “Es un grupo de gente que se puede alcanzar”, dijo Scott.
La principal oposición a la evolución proviene de los fundamentalistas cristianos, quienes son mucho más abundantes en EE.UU. que en Europa. Mientras los católicos, los protestantes europeos y la autodenominada mayoría protestante considera la narración bíblica de la creación como una metáfora, los fundamentalistas toman la Biblia literalmente, llevándolos a creer que la Tierra y los humanos y todo lo demás fue creado hace sólo 6 mil años.
Irónicamente, la separación entre la Iglesia y el Estado en los EE.UU. establecida en la constitución contribuye a la tensión. En las escuelas católicas, pueden enseñarse tanto la visión bíblica como la científica de la creación. Una sentencia prohibió la enseñanza del creacionismo en escuelas públicas, sin embargo, eso significa que los alumnos sólo pueden aprender la evolución, lo que enfurece a los fundamentalistas y desencadena batallas sobre la evolución.
Estas batallas tienen lugar porque los EE.UU. carecen de un plan de estudios del tipo común en los países europeos. Sin embargo, la ley “Ningún niño olvidado” (No Child Left Behind Act) está instituyendo estándares para la enseñanza de la ciencia, y las batallas acerca de lo que eso debería ser se han extendido hasta ser materia de Estado.
Miller cree que la genética debe ser clave para reforzar la idea de la evolución. Los adultos estadounidenses son menos susceptibles, cerca de dos tercios no está de acuerdo en que los chimpancés y los humanos tienen en común la mitad de sus genes. ¿Cómo responderá esta gente cuando se les diga que que los chimpancés y los humanos en realidad comparten más del 99% del material genético?
De New Scientist Magazine Nº 2565, 16 de Agosto de 2006, página 11.
Traducción de Christian van der Dys para Gratificados.com
El fundamentalismo religioso, agrias políticas partidistas y una pobre educación científica son las causas de la negación de la evolución en EE.UU., dice Jon Millar de la Michigan State University en East Lansing, quien dirigió la encuesta con sus colegas. “Los EE.UU. son el único país donde la enseñanza de la evolución ha sido politizada”, dice. “Los republicanos han adoptado esto como un punto angular. En la mayor parte del mundo no es tema en discusión”.
El reporte de Miller es duro para los adherentes a la teoría evolucionista. Aunque el estadounidense promedio tiene más años de educación que cuando Miller comenzó el estudio hace 20 años, el porcentaje de gente que acepta la evolución ha descendido de un 45% en 1985 a un 40% en 2005 (Science, Vol. 313 pág. 765). Esto a pesar de unos ampliamente difundidos avances en genética, incluyendo la secuencia genética, que demuestra una enorme superposición del genoma humano con el de chimpancés o ratones. “No parece que vayamos en la dirección correcta”, dice Miller.
Sin embargo, hay algo de esperanza. Eugene Scott, parte del equipo, del National Center for Science Education (Centro Nacional para la Educación de la Ciencia), en Oakland, encuentra un respiro en que el porcentaje de adultos que rechazan la evolución ha caído de 48 a 39% en el mismo período, mientras la población que duda de la evolución se ha incrementado del 7 al 21%. “Es un grupo de gente que se puede alcanzar”, dijo Scott.
La principal oposición a la evolución proviene de los fundamentalistas cristianos, quienes son mucho más abundantes en EE.UU. que en Europa. Mientras los católicos, los protestantes europeos y la autodenominada mayoría protestante considera la narración bíblica de la creación como una metáfora, los fundamentalistas toman la Biblia literalmente, llevándolos a creer que la Tierra y los humanos y todo lo demás fue creado hace sólo 6 mil años.
Irónicamente, la separación entre la Iglesia y el Estado en los EE.UU. establecida en la constitución contribuye a la tensión. En las escuelas católicas, pueden enseñarse tanto la visión bíblica como la científica de la creación. Una sentencia prohibió la enseñanza del creacionismo en escuelas públicas, sin embargo, eso significa que los alumnos sólo pueden aprender la evolución, lo que enfurece a los fundamentalistas y desencadena batallas sobre la evolución.
Estas batallas tienen lugar porque los EE.UU. carecen de un plan de estudios del tipo común en los países europeos. Sin embargo, la ley “Ningún niño olvidado” (No Child Left Behind Act) está instituyendo estándares para la enseñanza de la ciencia, y las batallas acerca de lo que eso debería ser se han extendido hasta ser materia de Estado.
Miller cree que la genética debe ser clave para reforzar la idea de la evolución. Los adultos estadounidenses son menos susceptibles, cerca de dos tercios no está de acuerdo en que los chimpancés y los humanos tienen en común la mitad de sus genes. ¿Cómo responderá esta gente cuando se les diga que que los chimpancés y los humanos en realidad comparten más del 99% del material genético?
De New Scientist Magazine Nº 2565, 16 de Agosto de 2006, página 11.
Traducción de Christian van der Dys para Gratificados.com

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